41. Tratamientos superficiales: mecánicos, químicos, recubrimientos.

 

A las piezas se les exige una serie de características superficiales como son:

- Buen acabado estético

- Resistente a la corrosión

- Resistente al desgaste

 

Según el agente que se emplee:

 

A partir de la acción galvánica surgen dos posibilidades:

Chapado con materiales más nobles: Si un metal más noble se deposita sobre el sustrato puede reducir la tendencia a la oxidación, con la condición de que el recubrimiento esté bien hecho de forma que no haya ningún agujero, por pequeño que sea, por donde pueda entrar la corrosión. Para proteger el acero se suele utilizar Sn, Ni, Cr… Además el Cromo aumenta la dureza superficial.

Chapado con materiales menos nobles: se puede aplicar como chapa un metal menos noble al sustrato para que sirva de ánodo de sacrificio y se corroa en lugar del sustrato. El ejemplo más común es recubrir el acero con Zn (galvanizado). También se puede usar Cd, que tiene más duración en entornos corrosivos como agua marina, aire salino…

 

La experiencia ha demostrado que el chapado electrolítico reduce considerablemente la resistencia a la fatiga.

 

Una variante del anodizado es el anodizado duro. El óxido de aluminio es resistente a la abrasión para protegerlas del desgaste. A veces se recubren piezas con una capa gruesa de óxido de aluminio. Este recubrimiento excede en dureza al acero más duro.

 

Recubrimientos químicos:

 

Los tratamientos químicos más comunes van desde el ácido fosfórico sobre acero o ácido crómico sobre el aluminio, que dan resistencia limitada frente a la oxidación, hasta pinturas de diversos tipos. Las pinturas en un solo componente protegen menos que las formulaciones epoxi en dos componentes. Los acabados de esmalte horneado o de porcelana tienen más duración pero son frágiles